lunes, 17 de febrero de 2014

Munnar

De camino a Munnar una pequeña princesa de pelo corto y ojos negros fue mi compañera de viaje. Sentada en el regazo de su madre y al principio solo me dedicaba tímidas miradas de reojo con un semblante serio. Le ofrecí uno de mis auriculares para escuchar musica juntas y rapidamente me gané su sonrisa y confianza. Ahí empezaron los juegos. La madre se cambió al asiento de delante para sentarse junto a su marido pero la niña decidió quedarse conmigo todo el trayecto. El joven matrimonio sonreía al observarnos y nosotras dos sin entendernos ni una sola palabra jugamos durante horas en el autobus.

Al subir a este segundo autobus coincidí también con Francesca y David, una pareja de italianos residentes en Berlin majísimos. Llegamos de noche a nuestro destino y me ofrecieron compartir habitación con ellos. Acabamos en una habitación no muy agraciada pero pasable para la primera noche. 
Bajamos al pueblo y comimos deliciosa comida callejera con exquisitas parotas recién hechas por menos de un euro. 
Hacía un frío de mil demonios y el contraste del caluroso clima del que veníamos nos dejó K.O

Al día siguiente pasamos el día descubriendo el poblado y me reencontré con Daniel, el israelí de Hampi. Ilusión cada vez que ves de nuevo a personas con las que has compartido bonitos momentos del viaje. Ya eramos cuatro y pronto nos convertiríamos en seis. Daniel nos presentó a Dan, un dulce inglés, y a Victor, un divertido alemán rubio y alto que todos los indios observan debido al color de su pelo y tamaño, con los que iba a hacer un trecking al final fallido de cuatro días.

Nos convertimos en equipo y las noches de Munnar estuvieron llenas de divertidas noches de juegos. 
Una pareja de rusos muy simpáticos y dos chicos de Estocolmo también nos acompañaron en algunos momentos.

Fra, Da, Daniel y yo hicimos un trecking de 4h con guía por las bonitas plantaciones de té y las montañas de alrededor con desayuno encima de uno de los picos con vistas espectaculares. Una excursión que finalizamos con un autoregalo, nuestro primer masaje ayurvédico. A mi me tocó un chico, muy guapo por cierto, y tras la tensión inicial por encontrarse una en bola picada delante del muchacho, me relajé y salí flotando y embadurnada de aceite de pies a cabeza y nunca mejor dicho, pelo incluido.

Quedamos de nuevo para cenar el equipo al completo y antes de ello Daniel y David me acompañaron a comprar champú y suavizante para el pelo. Ahí empezó la pelicula digna de una nominación a los Oscar. Nos encontrabamos los tres en la tienda, realizé el pago y nos fuimos al punto de encuentro con los demás. De camino busqué mi pequeño monedero para guardar el cambio y no hubo manera. Al inicio pensé que era otro de mis ataques de pánico ante la imposibilidad de encontrar aquello que busco ( aquellos que me conocen bien saben cuantas veces al día creo haber perdido el telefono) pero esta vez tras vaciar la mochila entera en medio de la calle era real, el monedero no estaba. Dentro se encontraba mi targeta de crèdito. 

Me fuí corriendo a la tienda y me puse seria al ver que preguntaba por mi monedero y los trabajadores no me hacían ni puñetero caso. Solo les importaba mi procedencia y mi nombre. Al final, logré que me entendieran a base de señas y gestos y me dijeron que no lo habían encontrado. Imposible, había abandonado la tienda hacía cinco minutos y estaba segura que se había quedado allí. 
Mi cara seria hizo que se dejaran de bromas y para mi sorpresa me mostaron una pantalla de camaras de seguridad. ¡¡En una droguería!! Ahí encontramos el kit de la cuestión, con media tienda amorrada a la pantalla y con Daniel y David a mi lado descubrimos lo ocurrido. Al ir a pagar me dirigieron hacia otro mostador y en ese recorrido se me cayó el monedero al suelo. Un hombrecillo mayor se percató del accidente y esperó como quien no quiere la cosa a que desaparecieramos de la tienda. En ese instante se agachó discretamente y se metió el monedero entre pecho y espada. ¡¡Pillado!! Me entró la risa ante la situación y los chicos de la tienda me dijeron: "tranquila, sabemos quien es" y mientras veíamos las imagenes de nuevo fascinados por la suerte que había tenido de que semejante tienda tuviera cámaras, uno de los dependientes volvió de la calle con mi monedero en las manos. Todo resuelto. 

Esa misma noche decidimos que, a la mañana siguiente, algunos de nostros partiríamos juntos para continuar con las aventuras.

sábado, 15 de febrero de 2014

Los backwaters de Kerala


Me gusta viajar por India en el autobús local y sentarme en uno de los asientos del lado derecho al lado de la ventana. Escucho música mientras el viento me da en la cara sin perder detalle de los distintos paisajes por los que avanzo dependiendo del estado en el que me encuentre. El destartalado transporte va parando cada dos por tres, pero no hay turistas y siempre encuentras a algún indio dispuesto a informarte, ayudarte y entablar conversación. 

Frunzo el ceño, a causa de la falta de gafas de sol perdidas hace ya varias semanas, para evitar que mis retinas revienten y me dirijo hacia Munnar, a las montañas, con solo unas chanclas en la mochila después de que me robaran mis zapatillas de trecking. Todo el viaje cargándolas y llevándolas de paseo por cada rincón de India y ahora cuando más las necesito me las roban. Manda narices. 

Alleppey acaba de quedar atrás con sus maravillosos backwaters y la despedida de Ana y Dani, los itianos amigos de Alice. Pasamos la noche en un "house boat", un barco de los arrozales, cenando comida típica keralí, viendo la puesta de sol rodeados de palmeras y agua y durmiendo los tres juntos en una cama a modo de sandwich por elección propia.

Los Kettuvallans o "casas-barco" se utilizaban tradicionalmente como barcazas de granos para transportar el arroz cosechado en los campos y en algún momento de la historia estos barcos fueron utilizados como vivienda-cuartel por la realeza. 

Fue una experiencia bonita, perfecta para una noche romántica, como otros muchos rincones encontrados en este país, o para compartir con gente aun mas bonita que el paisaje como hice yo esa noche. Tuve suerte.

Nos despertamos temprano para ver salir el sol y desayunamos con el incondicional chai de buen despertar. Nos llevaron de paseo por amplios canales y observamos como los poblados y su gente despertaban a medida que avanzaban las primeras horas del día. Vimos como se preparaban para el nuevo día aseandose o limpiando los cacharos del desayuno en el mismo canal.

Dentro de toda la preciosidad, hubo un descontento general, nos nos llevaron por los pequeños canales por la "Venecia India", como es conocido el lugar, como nos prometieron. Tras un poco de discusión en la agencia a causa del malentendido mutuo nos regalaron otro paseo matutino en canoa por los estrechos canales. Dos en uno por el mismo precio y nosotros mas felices que tres perdices. 
Ese fue el final, Ana y Dani marcharon rumbo a la maravillosa Gokarna y yo me subí al primer autobús destino a las montañas. Me esperaban siete horas de viaje y dos cambios de autobús para amanecer al día siguiente en un nuevo destino.

martes, 11 de febrero de 2014

Hacia Varkala!

Dicen que "las personas que alcanzan el éxito en lo que hacen es porque aman aquello que hacen" y es bonito observar la implicación, la energía y las ganas que deposita cada uno cuando realmente esta interesado en algo, cuando realmente disfruta y cree en aquello que realiza. Lo cierto es que cuando se hace de esta manera los resultados y la motivación son distintas. 

Yo no se si con éxito o sin él pero señores y señoras, ya soy profesora de yoga! Lo único que se es que he vivido y acabado este mes intenso llena de ilusión y de ganas de más y para mi eso ya es un éxito. Descubrir un nuevo motor que, siendo compatible con la danza, me llena y me hace sentir muy bien. Disfrutando con cada una de las primeras clases que ya he dado y sabiendo que es solo el principio de un nuevo camino. Un aprendizaje en el que seguir empapándose, seguir investigando y estudiando y aprendiendo cada día. Me llevo una inmersión preciosa en el mundo de la filosofía del yoga y la meditación, y miles de nuevos conceptos para profundizar con tiempo y con lecturas.

Ha sido un borrachera de información, por la corta duración del curso, pero feliz de ver en el examen final que mucha de esa información ya se ha quedado grabada en la cabeza. Contenta de ver que las páginas del manual del curso que eran un jeroglífico escrito los primeros días al tratar de leerlo, se han convertido en palabras entendibles y cargadas de significado. Un primer paso para alguien totalmente al margen de la espiritualidad y del mundo de la filosofía Vendanta. Tengo ganas de caña así que ¡¡preparaos porque os voy a poner en forma a todos en cuanto vuelva!! Ir calentando motores...

Después de la recta final y un mes de pocas horas de sueño nos dirigimos unos cuantos a Varkala, a pasar unos días en el mar y vernos las caras sin uniformes, sin campanas que marcaran los horarios y sin reglas. Alquilamos un bus para nosotros y en dos horas nos plantamos allí. Fueron unos días bonitos cargados de cenorras en grupo, puestas de sol, días enteros en la playa, bailoteos improvisados a ritmo de rumba, noches de tambores y flautas delante del mar,  noches de pijamas de cuatro en una cama tras la imposibilidad de abrir una de las habitaciones, sonrisas y achuchones, ataques de risa en una clase de yoga en silencio, tardes de frisbi, baños en olas feroces y despedidas. Despedidas de la que ha sido tu familia durante cinco semanas. Un poco mas de un mes en el que compartimos 24 horas diarias los unos con los otros convirtiéndonos en aliados de charlas, chismorreos, estudios, risas, confesiones, pataletas, cotilleos y bonitos momentos. De cada uno me llevo un pedazo, sabiendo que nos veremos pronto por algún rincón del mundo.

De allí, con un calor espantoso, de esos que hacen que se te peguen los pantalones al sentarte más de dos minutos, y tras la desaparición misteriosa de 5000 rupias y mis zapatos de trecking, las tres pispiretas (Alice, Tess y yo) cogimos un tren destino al ashram de Amma en Amrithapuri.  Nos separaba del lugar tan solo una hora de camino y la curiosidad puedo conmigo tras oír hablar tantas cosas de esta mujer. Amma és una de las pocas mujeres Guru en India y su nombre significa "madre".
Se la conoce como "la
Mujer de los abrazos" ya que sus seguidores van ella para que los rodee con su brazos. Sus jornadas son interminables, empieza a abrazar a las 11 de la mañana y no termina hasta las 23h de la noche sin levantarse ni para comer ni para ir al baño. Incansable.
Ha recorrido el mundo abrazando a toda aquellas personas que quieran impregnarse de su amor, energía y fuerza, y millones de fieles y devotos la siguen allí donde va. Es la responsable de la construcción de escuelas, universidades y hospitales por todo el país para dar la oportunidad a los más desfavorecidos por tener un futuro mejor, para acercar la educación y la sanidad a todas las clases sociales a través de los donativos de la gente. El ashram masivo e inundado de personas de todas las partes del mundo y edades es algo curioso de ver. Estos días se encuentra ella en él y la gente está in fire. A mi, me cuesta. Bonito cuando descubres que toda la infraestructura se mantiene con el trabajo desinteresado de toda la gente que lo visita o vive permanentemente en él, todos cocinan, limpian, cortan verduras, sirven comida, hacen actividades, etc. 

Recibí su abrazo el mismo día que llegué al lugar y para ser sinceros no sentí absolutamente nada. Te levantan, te sientan, te empujan la cabeza en su pecho y sin darte cuenta ya estas de pie de nuevo de camino a la salida. Te susurra algo imposible de entender en el oido y te marchas. Por la noche me entregó un mantra siendo la úlima persona a quién abrazó ese día antes de retirarse a descansar. 

Es cierto que cuando le miras a la cara desprende una energía buena, pero para mi eso es todo. Lo respeto porque gracias a estos abrazos y la gran fama conseguida está ayudando a mucha gente necesitada pero ahí me quedo. 

La gente aquí la adora, és como Dios. Te hacen ponerte de pie cuando ella pasa, la gente la toca al pasar por su lado y todo lo que vincule a Amma es sagrado. Fanatismo. La verdad es que me sentía como una marciana. Supongo que hay mucha gente que necesita tener fe en algo o alguien para soportar y aceptar vidas injustas, dolor o incomprensión y por eso lo respeto, pero desde luego no va conmigo. No creo que sea necesario una devoció así para hacer una evolución interna y de uno mismo. 
Tuve la oportunidad de vivir de cerca por primera vez en un lugar así y aproveché para hablar con personas que vivían allí desde meses o años, que seguían a Amma desde mucho tiempo o que la seguían allí donde iba con sus tours. Cada uno de ellos no dejaba de sorprenderme con tanta admiración y a diferencia de ellos yo al llegar al lugar me convertí en un puro vegetal. Me causó el efecto contrario. No se si era por el cansancio acumulado del intenso mes, el asficsiante calor o que llevaba días arrastrando una tos de perro de esas de pecho cargado, pero yo solo quería dormir. Ese lugar me dió somnolencia y durante tres días sentí lo que siente alguien que padece narcolepsia. Me dormía hasta de pie y no quería hacer. Ada, no me reconoceríais. Así que aunque tenía pensado irme al día siguiente me quedé en el lugar tres noches hasta recuperarme. No me sentó muy bien el lugar vaya.. Tanta energía que me chupó la mía pero me sirvió para observar.

Hicimos una meditación con ella y luego presencié un sesión de cantos con ella como líder y ahí si que me confirmé de que yo no estaba hecha para este tipo de "circos". Todos sentados imitando al unisiono cada uno de los sonidos y gestos que la guru realizaba y yo paralizada, no podía mover ni las pestañas ante tal cuadro. 

Esa misma noche llegaron al ashram dos amigos italianos de Alice muy salados que iban hacia Alleppey como yo, así que al día siguiente desaparecimos del lugar los tres juntos dirección al nuevo destino huyendo de semejante fanatísmo. Ahí dejé a Alice contra mi voluntad, pero su rodilla volvía a dar guerra y prefirió quedarse para hacer reposo hasta mejorar. Una lástima.

Nos intercambiamos una semilla en forma de colgante del árbol sagrado de la Índia donde dicen que se apreció Buddha, el Rudraksha, y nos dijimos una hasta ahora para encontrarnos de nuevo en otro punto del viaje.

domingo, 26 de enero de 2014

Los días vuelan

Los días en el ashram van pasando y cada día me siento un poco más cómoda, más a gusto y menos extraña. 

Ya ha pasado casi un mes de horarios inhumanos, donde no hay tiempo ni para lavarse los dientes, y comidas y recetas completamente vegetarianas deliciosas. Estoy aprendiendo muchisimo y tengo ganas de más. Me siento como en los años del "Insitut del Teatre" donde las horas nunca eran suficientes y siempre habían esas ganas de más, de querer saberlo todo. Además pasamos 24h con la misma gente y en el mismo lugar y esto hace que haya un ambiente lleno de energía y complicidad. Somos 250 alumnos del TTC, una barbaridad pero tiene también su lado positivo. Hay representación de más de 20 países diferente y distintos continentes y eso enriquece a cualquiera. 

Me encanta la asignatura de filosofía y el profesor, de New York, un coco que además desprende una energía que hace sentir bien a cualquiera. En la clase de asanas tengo la suerte de tener como profe a Mani, un profesor muy conocido en India y que trabaja por todo el mundo y que es simplemente, UN CRACK. De esos que además de ser simpático és también buenísimo en lo que hace. Nos mete unos tutes para el cuerpo de infarto con sus clases avanzadas de BBC, "Breaking Bone Class" como el las ha bautizado, pero a mi me gusta. Dos meses con él, y sus clases, y eres Superman. Tiene una metodogía exquisita y me gusta porque entiende y hablar del yoga, desde una postura normal, práctica y sincera. Nos transmite valores éticos y espirituales, pero desde una prespectiva del día a día con una vida normal. Real. Y nos insiste en que el yoga no es solo realizar posturas imposibles, aborda mucho más.

Ya he dado mis dos primeras clases como profe y he disfrutado como una enana. Como no, mi mente ya ha empezado a maquinar, a hacer planes, ideas y posibles aventuras para un futuro próximo. 

Entre todo esto, una serpiente mordió a un alumno en medio del ashram ( al lado de mi habitación para mas inrri), vino Sara (la polaca de Hampi) a verme al ashram y se quedó unos días, ha llovido a cantaros, hemos presenciado Pujas (rituales religiosos) llenos de color y fuego, y hemos tenido clase de kriyas (ejercicios de limpieza fisíca). Tengo que decir que me he atrevido a probarlo todo, hasta lo de meterme la "cuerdecita" por la nariz y la boca. Hace impresión, para que mentir pero al hacerlo te das cuenta que no es para tanto, es más lo que parece que lo que és. Todos estos ejercicos te limpian un montón, tanto que 45 min después de acabar me salió una llorera de esas que te hacen sacar toda la mierda. 

En el Kirtan (los cantos) he decido que es mejor unirse al enemigo que batallar contra él, así que decidí hacerme con una pandereta y cantar. Tengo una canción preferida, la dedicada a Ganesha, el elefante. Es la primera que se canta cada día, mañana y noche, y anima a cualquiera. Así que si me vierais ahora pensaríais que soy toda una aficionada, pero la realidad es que eliminaría la mitad de los cantos, pero lo doy todo. 

La gente es encantadora, me lo paso de maravilla y con el paso de los días ya se han creado afinidades y grupitos, romances y cotilleos. Como no, nos hemos juntado el grupito de las brujillas y me río mucho. Entre ellas está Tess, mi preferida. La conocí la primera semana cenando cuando me entró arrebato de parloteo. Me miró y ya nos reímos y saltandome la norma le empezé a hablar cuchicheando para no ser oidas. No podía estar más tiempo callada! Entre las clases y los cantos se me acumulan demasiadas palabras que esperan una chispa para explotar y salir. Con Tess conectamos al momento a base de intentar silenciar carcajadas imposibles. Aquí para colmo mio no nos dejan hablar ni comiendo ni cenando , y claro al final una tiene un limite y o habla o revienta. Así que antes de rebentar, hablo. El único momento que podemos sociabilizar y me hacen callar. No lo logro ni un solo día, siempre se sienta a mi lado alguien que me da cuerda rápidamente. O quizás me la doy yo sola, no lo se.
Con Tess solo hace falta una mirada picara y ya está todo dicho. Siempre nos buscamos, aunque estemos de punta a punta de la clase. Está obsesionada en cebarme a comer en cuanto salgamos del ashram. És australiana y divertida hasta decir basta.

Por otro lado, por fin he encontrado a alguien igual de desastre que yo, o más bien a alguien que le ocurren tantas cosas como a mi en un solo día. Nos hemos juntado el hambre con las ganas de comer y hasta la gente nos pregunta si somos hermanas. No, somos Pili y Mili, pero no hermanas. Me refiero a Alice, la italiana. Ya nos ha pasado de todo, aunque creo que a ella más. En solo la primera semana ya se le rompió la bolsa y tuvo que hacer un apaño con el hilo de macramé de las pulseras y un clip de pelo a modo de aguja ( igual que yo una semana mas tarde), se le partió la tapa del libro por la mitad al segundo día y se le explotó un boli en medio de clase en toda la ropa blanca, libro, cara y bolsa. Toda azul. Yo, pierdo mis chanclas mil veces al día y soy capaz de andar descalza toda la jornada ante mi incapacidad por encontrarlas y recordar donde las dejé por última vez. Mi memoria de mosquito y la falta de tiempo para buscarlas no son de gran ayuda. Ella, se olvida constantemente de apuntarse en la lista de asistencia al inicio de las clases y yo, tengo la suerte que cuando me olvido el chico encargado, Kan, viene en mi busca y me dice: " Ya sabía que andabas por aquí, que te has olvidado Elia". Ya ha "clichado" mi despiste y me salva de la falta. Por las mañanas siempre corremos y no hay día que una no tenga que despertar a la otra. Así que así andamos, lidiando con nuestras memorias y cabezas locas...

Los viernes es nuestro día libre y escapamos siempre en busca de aire y vistas nuevas. A la playa normalmente, o Kovalam o Varkala. Este viernes Mili me vino a ver y nos reencontramos antes de que partiera a Africa en tres días. Me hizo una ilusión enorme que viniera hasta allí a pasar el día juntas y ponernos al día de cada detalle y aventura.

Los sábados es la noche de "Talent Show" y bueno con el titulo os podeis imaginar... Hay de todo. Pero es bonito ver que todos participan. Ayer participé yo, bailé junto con Babu que tocaba el sitar y Sham que tocaba la flauta de bambú. Hicimos una improvisación los tres juntos y nos lo pasamos de maravilla. No estaba muy segura de hacerlo, pero tras mil preguntas sobre que era la danza contemporania, pensé que era bonito compartirlo con la gente y mostrar otro estilo de danza nuevo para ellos. Les encantó, y yo disfruté muchisimo de bailar de nuevo, que ganas tenía. Además me fue bien para coger fuerzas para la última semana. 

En siete días, si todo va bien y apruebo el examen, estaré a estas mismas horas disfrutando de la brisa del mar y el diploma en la mano. Un grupito hemos decidido pasar unos días juntos en la playa al acabar el curso.

De mientras aprovecho las úlimas clases y me empapo, porque se que luego lo voy a echar de menos.



martes, 14 de enero de 2014

La llegada al Ashram

El karma. El maldito y merecido karma.

Todo empezó el sábado cuando llegué al Sivananda Ashram para estar lista al día siguiente para empezar mi formación de profesora de yoga, uno de los varios motivos por los que me encuentro en la India. Eran las 10'30 de la mañana y tras un viaje en bus hasta Trivandum me encontraba delante de la puerta de Sivananda Ashram, en Neyyar Dam, un precioso lugar con un río caudaloso delante y miles de cocoteros alrededor. El ashram era precioso, el primero que pisaba en mi vida. Por un momento me sentí como una niña pequeña que empieza el colegio, estaba nerviosa. Nerviosa por saber quien serían mis compañeros durante todo un mes, por saber como serían las clases, el lugar, las asignaturas y los profesores y sobretodo por saber si encontraría una cómplice que me acompañara en esta aventura. La encontré. Una italiana que conocí de camino a la habitación cargando una mochila más grande que ella y que tras una espera considerable para que nos llevaran a las habitacion soltó un: "fan culo!!", y ya supe que nos llevaríamos bien. Acerté, pronto seríamos como Pili y Mili y andaríamos por el ashram como Pedro por su casa. Dormimos pared con pared así que si miro por encima  del pequeño muro que nos separa y me pongo de rodillas en mi cama, la veo ahí tirada haciendo pulseras de hilo y es la primera en recibir mis buenos días y la última en oír eñ "bona nit" destinado solo para ella. Es simpática, circense y dulce. Impaciente como yo pero con menos arranque, en eso gano yo. Me dice que cuando me ve le dan ganas de estrujarme y darme mimitos o carantoñas como a una niña pequeña y a mí me encanta que lo haga, soy una mimosa empedernida que le vamos a hacer.

Nos instalamos en las habitaciones y dejamos las cosas tal cual encima de la cama. Estábamos invitadas a participar ese mismo día en las actividades del ashram pero ambas decidimos optar por disfrutar de nuestro último día de libertad y sin horarios a modo de ejército. Fuimos las únicas pero fue una buena elección. Nos bajamos al pueblito, achicharradas de calor, y comimos con los locales. Nos compramos una libreta para nuestros apuntes y compartimos confidencias desde casi el primer momento. Es de esas personas que se abren rápido y que enseguida te dan la confianza para hablar de cualquier cosa, aunque sea personal. Me habló y escuché, y sentadas delante del río pasamos la tarde. Queríamos bañarnos pero las nubes y unas cuantas gotas hicieron que cambiáramos de idea. Se fumó su último canuto y nos fuimos a cenar, aquí cenamos a las 18h. En realidad no sería el último, aun le quedaba uno más que compartiría por la noche y a escondidas dentro del ashram como adolescentes en un instituto, con un grupo de catalanes encantadores que conocí por la mañana haciendo cola en la recepción. La Mireia, la Gemma, la Juli, la Yoli, el Josep Maria y el Martí (los tres últimos eran amigos de la Raquel Odena, que pequeño es el mundo). El grupo se había conocido durante el viaje y llevaban ya unos días en ruta juntos. Divertidos, con una complicidad entre ellos muy bonita, con una energía contagiosa y majos, muy majos. Fue un buen recibimiento y un bonito encuentro, aunque para mi gusto demasiado corto. Los catalanes se irían a la mañana siguiente escapando de tantas reglas y horarios estrictos, y huyendo sobretodo de tanto canto. Me hubiera gustado que se quedarán más. 
Después de fumar a escondidas asistimos todos juntos a mi primer satsang, sesión de cantos que cada mañana y noche tenemos, y mi cara fue un poema. Iba informada pero aun así pensé: "esto que cojones es?!". Parecía una misa. Y yo aterrorizada. La gente murmurando y cantando cosas que yo no podía pronunciar ni leer balanceandose de lado a lado con un librito en la mano.  Me dió la risa, claro. Y así pasé la velada, intentando adaptarme a ese circo y verle el lado objetivo. Ese día no lo logré, demasiado pedir para una atea de pies a cabeza como yo. 

Ya llevaba dos días y me moría de risa yo sola de verme ahí metida. Pregarías, meditaciones, y reverencias sin sentido alguno para mí y palabras imposibles de pronunciar. Imitando como un mono de repetición algunas de las acciones y rechazando realizar alguna de ellas por sentirme más absurda que nadie y por no compartir esas ideas. 

Era el primer día, me quedaba un mes entero. Al día siguiente el horario ya fue el de cada día, la campana matutina nos despertó a las 5'15 de la mañana para la meditación en silencio y los cantos procedentes. Ese día la meditación fue diferente, no asistimos al templo, sino que hicimos una caminata en silencio hasta el lago donde meditamos delante del agua. Bueno para ser sinceros yo lo intenté, pero no hubo manera. Me molestaba la posición de piernas cruzadas, me picaba un mosquito, me clavaba la roca en el culo, mi espalda a esas horas seguía dormida y se negaba a estar estirada y quería seguir siendo como el caparazón de un caracol, redonda. A todo eso sumarle que amanecía y no quería perderme la salida del sol con los ojos cerrados, que con tanto silencio a mi cabeza le daba por pensar más que nunca y que abría un ojo y veía a 300 personas ultra motivadas sentadas en posición de indio con las manos encima de las rodillas siendo yo la única incapaz de lograr la deseada paz mental.

Esa misma noche hicieron la inaguración del curso y nos fueron llamando uno por uno al escenario para saludar a "nuestro" guru y recibir los uniformes, libros y la bendición del universo. Podéis imaginar mis pensamientos en este momento: "lo que se tiene que hacer para tener el titulo de profe de yoga... Cuando salga al escenario me van a pillar y van a notar que no creo en nada de esto...". No me pillaron y volví a sentarme. " Bien! Prueba superada!!", pensé.

Al día siguiente, llegó la repartición del Karma Yoga y ahí es donde digo lo del maldio karma. Habían mil y una opciones de karma yoga (es decir, realizar un trabajo/actividad desinteresadamente) desde trabajar en la cafeteria.. En internet.. Sirviendo el té o la comida/cena... Pasando lista de asistencia... De todo, incluído lavar los baños. En ese momento solo me repetía " que me toque el bar o el té o la comida, que me toque el bar o el té o la comida..." Y de repente dijeron: " Número 45, Elia Lopez, los baños". 

Toma, estaba claro, me lo merecía. Me levanté y me uní al grupo de limpieza de habitaciones y baños riéndome en mi interior por tal merecida actividad. "Has despotricado durante dos días de todo? Pues ala! Así entenderás lo que es el yoga y la espiritualidad!!". Así no hay egos posibles, a lavar durante un mes cada día! 

Mira que había opciones... Yo quería una tarea con contacto con la gente y me tocó el contacto con el estropajo. No está mal para empezar. Me lo tomé como un aviso: "baja la guardia y deja de cuestionar". Lo hice, pero en cierta manera, seguí analizando cada uno de los pasos que hacían los Swamis, los profesores y todos los estudiantes. 

Escucho y pregunto y voy sacando mis propias conclusiones, y aunque discrepo de muchas cosas tengo que decir que desde que he empezado la asignatura de filosofía todo va cobrando un significado y un sentido, y aunque no comparta algunas ideas disfruto y aprendo muchísimo cada día. Estoy contenta de estar aquí y aunque de vez en cuando se me escapen risas internas, y no tan internas, me parece muy interesante.

Paso a paso y con paciencia.

martes, 7 de enero de 2014

Goa y su fin de año

Se acabó Goa y sus fiestas trance.

De camino al tren que en unas 18 horas me dejará en Trivandum, el sur mas sur de la India, pienso en lo rápido que pasan los días y en las diferentes realidades en las que cada uno vive, influenciado por su estilo de vida y prioridades.

Creo que en esta ocasión los universos no podían ser más opuestos, pero supongo que eso es lo interesante. Te da la oportunidad de conocer a personas que de otra manera quizás no conocerías y eso me encanta. 
He visto más de una vez personas que ante situaciones desconocidas o diferentes simplemente se cierran y no permiten que nadie acceda a ellas ni se esfuerzan por dar una oportunidad. Hacen su propia conclusión y adoptan sin darse cuenta una actitud que las privará de enriquecerse, de ver e intentar entender otras maneras de vida aunque uno mismo no se sienta identificado con ellas. 

Esta actitud nos ha pasado a todos estoy segura, pero forma parte del aprendizaje. A mi por lo menos me ha pasado algunas veces y aun hoy en día, ante una situación donde no tengo el control, tengo unos primeros minutos de inseguridad y aislamiento. Aunque desde fuera nadie pueda ser testigo de ello, puedo detectar rápidamente lo que me está sucediendo. No me gusta, es solo un sistema de autodefensa que lo único que consigue es que perdamos la oportunidad de conocer gente extraordinaria. 

Nos enseñan desde pequeños lo que está bien y lo que está mal. Nos enseñan que todo lo que se sale de lo "normal" es raro o no está bien y que seguir los pasos que sigue todo el mundo es lo correcto, el buen camino y lo que está bien. No es cierto. Esta manera de pensar es lo que nos provoca un rechazo hacia personas que no viven la vida como nosotros y olvidamos que lo importante es que cada uno la viva como le de la gana y que no hay bien y mal. Se trata solo de diferentes puntos de vista y de como cada uno quiera gastar sus días. He conocido a gente que juzga a los demás por su aspecto, por sus aficiones, por su profesión, su estatus social o el dinero de su bolsillo. He conocido gente que se cree superior y mira con recelo a los demás sin entender que por suerte lo que ellos buscan, lo que creen necesario, a lo que aspiran o las prioridades que tienen no es lo que busca todo el mundo. Seguramente detrás de eso hay valores humanos muy distintos o vivencias pasadas que les motivan a actuar de ese modo. A veces esa incapacidad por ponerse en el lugar de otro y no entender que la palabra felicidad significa una cosa distinta para cada persona es lo que nos aleja de los demás. 
Es cierto que hay gente que elige caminos mas autodestructivos que otros pero no por ello son inferiores. Detrás de ésas acciones quizás hay problemas, vicios o simplemente es una forma de escape ante la inconformidad. 

Todos hemos juzgado y alguna vez lo seguimos haciendo, siendo quizás un patrón adquirido. Adquirido pero que se puede cambiar, depende de nosotros. Alguno de estos días pasados me sentí así y me dio mucha rábia, pero me siento afortunada porque, aunque me gustaría eliminarlo del todo, cuando me pasa lo detecto rápido y intento ignorarlo disfrutando de la situación. A veces me cuesta. 

En muchas ocasiones de mi vida he pensado: " Elia pero que cojones estas haciendo tu aquí??" Me meto en embolaos donde no pego ni con cola y tras las primeras impresiones, dudas e inseguridades luego me lo paso bomba. Esa es la parte que mas me gusta y me doy cuenta de que al final, aun sin tener pegamento, se puede pegar en cualquier sitio.

Llegué a Goa, más concretamente a Chapora, con Daniel.
Un "liante" que al final me convenció para irnos juntos para allí todo y mis primeros y rotundos "NO, I don't want to go there! I don't like Goa!!".  Tras comerme con patatas mi promesa, al iniciar este viaje, de que no pisaría Goa en absoluto, me encontré de repente el 27 de diciembre pagando un billete de bus justo en esa dirección. Un segundo de duda y.... ZASCA!!! Daniel me plantó el billete en la mano. Sara nos abandonaría en la propuesta a último momento, así que el equipo estaba completo. El duo maravillas. 

Regla numero uno del viajante: No hagas planes y menos aun, nunca digas NUNCA porque te lo comerás con patatas. 

Así que de esta manera llegamos a Panjim, pensando que no sería mala idea empezar el año con un buen fiestón antes de recluirme durante un mes en el mundo yogui. Una fiesta nunca está de más y más aun si la experiencia es la mítica Goa, la ciudad reina del trance.

Empezamos bien, el trance. Lo odio con todas mis fuerzas. Pero evidentemente la ley de Murphy, siempre presente hizo acto de presencia. Llegamos y fuimos a parar a casa de los amigos de Daniel, a las puerta de una casa enorme con una mafia rusa amante del trance viviendo dentro. Lo de la mafia es simplemente una alusión a la cantidad de ellos, no nos vayamos a preocupar ahora, que me gustan las aventuras pero no para tanto.

Toda la casa dormía. Normal si se tiene en cuenta que los que vienen a Goa por el tema fiesta viven de noche, se despiertan tarde, cuando aquí ya empieza a oscurecer, y empieza la rutina sin rutina para prepararse para la siguiente fiesta. Droga, alcohol, videojuegos y poca comida. 

El viaje hasta aqui fue divertido, un bus cama y dos autobuses locales más hasta llegar al destino final. Llegamos a Panjim a las 6h de la mañana y tras esperar a que abrieran las taquillas de la estación a Daniel y a mi nos aparecieron las primeras risas flojas del día mientras jugábamos a cartas, al ahorcado y nos retábamos a dibujos. Nos partíamos de risa.

Los precios en Goa eran una exageración debido a las fechas.. Preguntando preguntando encontramos una moto para alquilar a un precio razonable. Decidimos que la prioridad era la moto por encima de todo. Empezamos la ruta y comimos un thali de pescado exquisito por menos de un euro en un restaurante local y visitamos las primeras playas para contagiarnos del ambiente. Turistas, demasiados, pero ya lo sabíamos. 

Al anochecer nos encontramos todos en la casa y ví rápidamente que el plan previsto para la noche no se ceñía en absoluto a mi idea inicial. No me apetecía ni el rollo ni el plan que había y tras lidiar con mis comeduras de cabeza me relajé.
Los chicos eran majísimos, en especial tres de ellos: Vishva que tiene una energía increíble y habla como una cotorra como a mi me gusta, Shzoid divertido y cariñoso, y Yulia, con una sonrisa de oreja a oreja preciosa. Enseguida me hicieron partícipe de sus charlas, sus bromas y sus partidas al Tekken, donde solté adrenalina por un tubo pegando patadas ninja para ganar la batallas.

Disfruté observando la complicidad típica de un grupo que se conoce de hace tiempo o que por lo menos han vivido experiencia que no se olvidan, aunque sea unos meses atrás en el mismo viaje. Recordaban historias y encuentros, y todo y que la mitad de las cosas no las entendía porque hablaban en ruso me transportaron s cuando yo me encuentro con los míos. 

Al final nos llevaron a una fiesta trance y, todo y intentarlo a más no poder, fui incapaz de mover ni un milímetro de mi esqueleto. En mi cabeza solo había: "Pero a quien le gusta esta música?????" Intenté disfrutarlo pero me fue imposible. Me gustaba ver como bailaban los demás y de mientras, mis escaqueos al exterior de la disco fueron aumentando. Intenté pasar desapercibida y que nadie se diera cuenta de mis furtivos escapes porque no quería fastidiar la fiesta pero hubieron unos ojos que me clicharon y me pillaron infraganti. Al final, tras varios intentos por parte de todos por transmitirme el ritmo en el cuerpo sin éxito, Daniel vino y me dijo: "Yo tampoco soporto el trance", y nos fuimos.

Entre playas y pueblitos llegamos al último día del año, el 31 de diciembre, el motivo de encontrarnos en ese lugar. Empezamos la mañana con un desayuno delante de la playa, un capricho que creímos oportuno. Visitamos nuevas playas y llegamos a Aranbol, al norte de Goa donde me hicieron un regalo genial de despedida del 2013. Un piercing en la nariz. Un día se me ocurrió comentarle a Daniel que quería tener uno, así que al llegar a aquel lugar y sin yo mencionar nada me llevó a la puerta de una tienda de tatuajes de confianza. "Es mi regalo de Happy New Year" y mi cara fue todo un poema. Hacía muchos años que me rondaba la idea por la cabeza y nunca me había atrevido, por el dolor y porque no me quedara bien. Vaya una cosa, a Daniel esas excusas no le sirven, así que no había por donde escaparse. Con nervios en el estomago y una fugaz escapada al mar para mojarme los pies y pensarlo una última vez más, entramos en la tienda y me senté en la silla. Ya esta, hecho. Un delgado aro en la nariz que me recordará siempre a India, a mi primer viaje sola, a Daniel y a ese bonito día. Un regalo inesperado que me hizo mucha ilusión.
 Comimos, tomamos un chai y un pastel de platano y chocolate, y me compré un vestido negro para empezar el año un poco decente. Sin roña y un poco mona, lo mínimo para empezar un nuevo año. No sabéis que alegría vestir algo nuevo y diferente después de casi un mes con los mismos dos pantalones y tres camisetas. 

En el pueblito nos encontramos con más conocidos por casualidad y finalmente nos pusimos de camino a Tivim para comprar el billete de tren que al día siguiente me llevaría a al sur más sur de la India, a Trivandum, Kerala. Encima de la moto y a toda velocidad vimos entre carreteras y palmeras como se escapaban las últimas horas de sol del 2013. 

Con billete reservado y ya de noche, volvimos a Chapora y compramos los ingredientes necesarios para preparar un curioso plato ruso a base de vegetales y mayonesa como sorpresa para la cena de fin de año. Shové. Cocinamos al ritmo de música y preparamos la mesa en el tejado de la casa. Una pequeña luz, cojines en el suelo y una mesa repleta de frutas, verduras, pan y cava para brindar. Una buena ducha, uvas preparadas en la nevera, vestido negro, bragas rojas y llamadas con la familia, todo listo para recibir el 2014 con suerte. Llegaron las 12 y con un buen brindis empezamos a cenar con el sonido de los fuegos artificiales de fondo y el cielo bañado de colores pirotécnicos. Entré en el nuevo año cuatro horas y media antes que todos los míos pero no por ello dejé de dedicarles un pensamiento en ese primer sorbo de burbujas doradas.

La noche acababa de empezar y ya medio borracha con una sola copa de ron y coca-cola nos fuimos a la fiesta trance al aire libre en Vagator. Si, otra vez trance. Fue imposible encontrar una fiesta con música electrónica diferente, pero tengo que decir que fue llevadero y bailamos hasta que el primer sol del 2014 salió para darnos los buenos días. Divertido. Unas horas más y Goa habría terminado para mi, dejando atrás a la encantadora tropa rusa y a su israelí adoptado. 

Un buen inicio del año aunque nos astillaran por la entrada. Fin de año es fin de año, aquí y en todo el planeta. 


viernes, 3 de enero de 2014

Happy Hampi

Hampi, un lugar donde las rocas, las ruinas y los templos invaden cada centímetro del terreno. Un paraíso para los escaladores y un lugar perfecto para perderse por caminos sin paradero exacto con una bicicleta recordando veranos lejanos o sobre una pequeña motocicleta conduciendo melenas al viento.

De camino a este lugar, mientras esperaba la llegada del segundo bus que me conduciría hasta Hampi, conocí a Sara, una chica polaca, introvertida y reservada al principio con la que rápidamente compartí palabras. Le propuse de compartir habitación y tras un escueto "quizás", esperé sin prisa a que se decidiera. Nos tocó juntas en el sleeper bus y tras 8 horas de traqueteo y varios intentos por dormir llegamos a las 6 de la mañana a Hampi. El recibimiento no podía ser mejor, si descartamos la multitud de conductores de "tuk-tuk o autorised" ( pequeño taxi de tres ruedas) que nos esperaban en la puerta del autobús con los que tuve que ponerme un poco borde para seguir caminando y despegar los párpados, ver salir el sol en un paraje excepcional como aquel.

Sara se había decidido, con un poco de timidez me preguntó si aun quería compartir la habitación. Le que si, y su nerviosa sonrisa se relajó. 

Decidimos instalarnos en la isla y mientras esperábamos el barquito para cruzar el río nos dijeron que la elefanta Laxmi iba a aparecer para pegarse su ducha matutina. No apareció, ese día había un festival y se la habían llevado, así que cruzamos el río.
 
Tras pegarnos un buen desayuno en el "Laughing Buda", y dejar allí las mochilas, empezamos con la búsqueda de alojamiento. Enseguida conocimos a Daniel, israelí, de 27 años, muy abierto, simpático y que enseguida nos hizo partícipes de su energía positiva y buena onda. Una de esas personas que te dan ganas de conocerla más con solo cruzar cuatro palabras. Estaba subido encima de un "slack-line", la típica cuerda para aprender a hacer equilibrismo y caminar sobre la cuerda como la gente del circo. Mis primeros intentos fueron un fracaso.

Daniel en su bici y Sara y yo a pie, fuimos los tres hablando sin saber que a partir de ese momento compartiríamos juntos casi cada día de nuestra estancia en ese maravilloso lugar.

Conseguimos "casa" fácilmente, aunque nos cambiaríamos a otras 2 guest house en los días siguientes debido a que a Sara no le convencían las anterirores. Mejor, a cada cual más barata y más familiar. Vimos la puesta de sol y el día acabo con un buen té en el "White Elephant", punto de reunión de muchos.

Al dia siguiente madrugamos, desayunamos a base de dulces, y Sara y yo caminamos durante horas vistando templos y ruinas hasta volver a casa después de recibir un beso de Laxmi, una elefanta que a cambio de una moneda te daba un beso en la cabeza. Nos montaron en un autobus escolar y presenciamos una boda india, todo por casualidad.

Así los días fueron pasando, cada día con una actividad nueva y con las Navidades en medio. No parábamos. Cada día más divertido al conocer mejor a los coleguis de aventuras, perdiendo poco a poco ese punto reservado o de inseguridad que todos tenemos cuando no conocemos mucho a la otra persona, aun siendo la persona más abierta del planeta.




Alquilamos una moto para recorrer quilometros sin rumbo, perdiéndonos casi y dando media vuelta para no hacerlo y quedarnos sin gasolina en la mitad del camino que cerca estuvimos.  Nos bañamos en el lago y saltamos desde rocas altas el día de Navidad, cenas de Nochebuena en buena compañía y calorcito seguida de una jam session con tambores y bailoteo. Andamos en bicicleta y jugamos a cartas varios días, subimos la montaña salvaje pasando entre rocas para ver la pintura prehistorica más pequeña que existe, cosa que nos provocó unas buenas risas... Clases de yoga para empezar el día, mis inicios en el mundo de la escalada con todo el mundo dispuesto a enseñar y animar cada uno de los pequeños logros de la familia escaladora, sonriendo cuando uno llegaba a la cima de la roca. Cuanto más difícil más ánimos. Me felicitaron y me hizo ilusión. Ese lugar tiene algo y divierte caminar por el pueblo como si vivieras allí, parándote a hablar o saludar a cada 5 pasos.



Hubieron momentos increíbles, que hicieron que Hampi aun fuera más especial.. Noches de corrillo ante el fuego con guitarras, dormir en medio de la montaña con tan solo el saco de dormir y con todas las estrellas observando, atardeceres en puntos secretos, madrugones y tardes de escalada, mi primer Shabad con una comida asombrosa y hasta una discusión al echarnos de nuestra Guest House por no ser demasiado consumistas y no ser una maquina de hacer dinero.




Llegué a este lugar con la intención de pasar tres días y me quedé una semana. Así es la India, llegas a un sitio y todo lo previsto se desmonta, imprevisible y más si la gente que encuentras vale la pena.